La corrupción es una enfermedad en la sociedad moderna y la lucha contra ella es uno de los más importantes retos. Hay efectos de los actos corruptos en la economía, en la protección de los derechos fundamentales y en la credibilidad de las instituciones. Los actos corruptos, habitualmente, suelen ser cometidos con total discreción, de manera que las dos partes corruptas intentan ocultar sus acciones. La dificultad en probar los actos corruptos es resultado de una búsqueda imposible de la verdad, por la reconstrucción histórica de los hechos. Aunque hoy la doctrina moderna entienda que la prueba debe convencer al juez, todavía hay quienes creen que él debe ser un historiador. Con esta visión anacrónica de la función de la prueba, la impunidad crece. En este escenario, la prueba indiciaria, a día de hoy, se ha convertido en la reina de las pruebas en la lucha contra la corrupción.